Era temprano, Félix
estaba dormido sobre la cama, desnudo. De pronto sonó su teléfono
móvil. Casi sin abrir los ojos, palpaba la mesilla hasta encontrar
ese maldito teléfono.
- Inspector Lacueva
– dijo Félix
- Escúcheme bien.
Esta noche vendrá el cargamento más grande desde que mi marido
está en la presidencia. Vendrá como siempre, por la carretera
norte. Si es usted listo, no solo podrá sacar a la luz todo lo que
está haciendo mi marido, sino que también encontrará a mi hijo. Y
recuerde, yo en ningún momento he hablado con usted – dijo la
esposa del Presidente al otro lado del teléfono.
Félix ese día
decidió dedicarlo entero a preparar lo que iba a ocurrir por la
noche. Colocó varias cámaras escondidas a lo largo de la carretera.
También colocó sensores láser. Pero su baza fuerte era un pequeño
dispositivo GPS que no sabía como pero tenía que colocar en una de
las camionetas. Solo así podría descubrir donde iba ese cargamento.
Cayó la noche,
allí estaba Félix, escondido en el bosque, a pie de la carretera.
De pronto a lo lejos empezaron a llegar la procesión de camionetas.
Cuando pasaban por delante de él, Félix, vestido de negro con
capucha incluida para no ser visto, se acercó como pudo a una de las
camionetas y colocó el dispositivo GPS. Ahora ya solo quedaba
esperar y mirar a través del teléfono móvil a donde iba el
cargamento gracias a la señal de dicho dispositivo colocado.
De pronto su
expresión facial cambió, cierta felicidad invadió su rostro. Por
fin sabía donde iban, no muy lejos de allí, y posiblemente Raimundo
estuviese allí retenido. Gracias al dispositivo GPS que colocó en
una de las camionetas pudo ver que la procesión de las mismas se
desvió por un camino rural hasta llegar a una vieja y abandonada
nave industrial. Ya solo era cuestión de tiempo, esperar al momento
idóneo para acercarse hasta allí sin ser visto y por fin liberar a
Raimundo. Sabía que estaba allí, solo un asunto tan turbio podía
estar involucrado en el secuestro. Félix sabía que este iba a ser
su ultimo caso, después se iría a esa isla donde Ana quiso vivir, y
allí se retiraría, quizás montaría una granja, o quizás viviría
de cualquier cosa en la que pasase desapercibido. Y Félix se iba a
despedir a lo grande, no solo liberando a Raimundo, sino haciendo
caer al Presidente. No podía terminar su carrera como policía de
mejor manera.
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