domingo, 5 de mayo de 2019

Temporada 2 Capitulo 18: Nunca me olvides


Félix estaba cansado, muy cansado, la noche había sido larga, pero fructífera. Por fin tenía la localización del almacén donde se guardaba toda la mercancía ilegal de la que el Presidente era cómplice. Solo había un problema, no sabía como acercarse allí sin ser descubierto. Además no podía dar un paso en falso, el Presidente era demasiado inteligente y si sospechaba algo todo se iría a la mierda. Así que ahí estaba Félix, tirado en el sofá de su casa, dando vueltas a su cabeza pensando de que modo podría acercarse ahí, liberar a Raimundo y derrocar a un presidente corrupto hasta las arterias.

De pronto sonó el timbre de la puerta. Félix se levantó y abrió. Ahí estaba la hija de Ana. Sin decir ni una palabra se abrazó a Félix y comenzó a llorar. Ambos habían perdido a la persona que más querían. Pero la vida sigue, y tenían que sacar fuerzas de donde no las había y seguir adelante.

- Pasa. ¿Como estás? - dijo Félix
- Jodida -
- ¿A que has venido? -
- A mi madre le hubiese gustado que te quedases con esto – dijo mientras abría la mano y mostraba un colgante de oro.
- ¿Tú crees? -
- Claro. Perteneció a mi tatarabuela, luego a mi bisabuela, a mi abuela... -
- Vale, vale, me ha quedado claro. Lo guardaré, pero creo que es algo muy personal que ha pasado de generación en generación, te correspondería tenerlo a ti -
- Ahora ya no importa a quien le corresponda tenerlo, lo que importa es que mi madre ya no va a volver. De verdad, quedate con ello, era muy importante para mi madre, y sinceramente, mi madre estaba enamorada de ti -

La hija de Ana se levantó, se dirigió hacia la puerta y justo antes de salir se giró

- Por favor, nunca la olvides -
- No lo haré – respondió Félix

La puerta sonó y un enorme silencio invadió la habitación.


domingo, 28 de abril de 2019

Temporada 2 Capitulo 17: La santa compaña


Era temprano, Félix estaba dormido sobre la cama, desnudo. De pronto sonó su teléfono móvil. Casi sin abrir los ojos, palpaba la mesilla hasta encontrar ese maldito teléfono.

- Inspector Lacueva – dijo Félix
- Escúcheme bien. Esta noche vendrá el cargamento más grande desde que mi marido está en la presidencia. Vendrá como siempre, por la carretera norte. Si es usted listo, no solo podrá sacar a la luz todo lo que está haciendo mi marido, sino que también encontrará a mi hijo. Y recuerde, yo en ningún momento he hablado con usted – dijo la esposa del Presidente al otro lado del teléfono.

Félix ese día decidió dedicarlo entero a preparar lo que iba a ocurrir por la noche. Colocó varias cámaras escondidas a lo largo de la carretera. También colocó sensores láser. Pero su baza fuerte era un pequeño dispositivo GPS que no sabía como pero tenía que colocar en una de las camionetas. Solo así podría descubrir donde iba ese cargamento.

Cayó la noche, allí estaba Félix, escondido en el bosque, a pie de la carretera. De pronto a lo lejos empezaron a llegar la procesión de camionetas. Cuando pasaban por delante de él, Félix, vestido de negro con capucha incluida para no ser visto, se acercó como pudo a una de las camionetas y colocó el dispositivo GPS. Ahora ya solo quedaba esperar y mirar a través del teléfono móvil a donde iba el cargamento gracias a la señal de dicho dispositivo colocado.

De pronto su expresión facial cambió, cierta felicidad invadió su rostro. Por fin sabía donde iban, no muy lejos de allí, y posiblemente Raimundo estuviese allí retenido. Gracias al dispositivo GPS que colocó en una de las camionetas pudo ver que la procesión de las mismas se desvió por un camino rural hasta llegar a una vieja y abandonada nave industrial. Ya solo era cuestión de tiempo, esperar al momento idóneo para acercarse hasta allí sin ser visto y por fin liberar a Raimundo. Sabía que estaba allí, solo un asunto tan turbio podía estar involucrado en el secuestro. Félix sabía que este iba a ser su ultimo caso, después se iría a esa isla donde Ana quiso vivir, y allí se retiraría, quizás montaría una granja, o quizás viviría de cualquier cosa en la que pasase desapercibido. Y Félix se iba a despedir a lo grande, no solo liberando a Raimundo, sino haciendo caer al Presidente. No podía terminar su carrera como policía de mejor manera.

domingo, 21 de abril de 2019

Temporada 2 Capitulo 16: Tu mundo bajo mis pies


Ese día se había levantado con viento, no era fuerte pero si molesto. Rondom estaba acostumbrado a ese viento, estando al borde de los grandes acantilados no es de estrañar ese viento más veces de lo que a uno le gustaría. En el cementerio estaba Tomás, Carmen, María, los antiguos compañeros de comisaria de Ana, y más de la mitad del pueblo. De pronto se acercó una carreta tirada por un caballo. Sobre ella estaba el enterrador y un ataúd. La carreta se paró, el enterrador bajó y con ayuda de los vecinos del pueblo bajaron el ataúd. Nadie hablaba, el único sonido era el del viento. El ataúd empezó a descender lentamente en un agujero en el suelo. Cuando uno quiso darse cuenta, Ana estaba en el fondo de la fosa y el enterrador lanzaba tierra con una pala sobre ella. Luego todos marcharon. Félix no quiso estar ni un segundo más en ese pueblo. Demasiados recuerdos. Antes de arrancar el coche miró para atrás, sabía que jamás volvería allí, ya nada le unía a Rondom.

En mitad del camino Félix paró el coche en la cuneta. Cogió el móvil y llamó a Lourdes.

- Lourdes, soy Félix. Gracias por todo. ¿Sabes? Estaba pensando, que quizás cuando termine el trabajo que tengo a medias me voy a ir a vivir a ese lugar donde quería vivir Ana. Quizás esa isla con orcas no sea mal lugar. Quizás pueda vivir lo que Ana no pudo – de pronto Félix enmudeció y tras una pausa siguió – Oye Lourdes, yo no tengo familia ni nadie que se ocupe de mi. Si me ocurriese algo, quiero que me entierren en Rondom, junto a Ana. Prometeme que tomarás esa decisión por mi, que harás todo lo posible para que así sea... gracias Lourdes. Un beso, y espero verte algún día – dijo Félix justo antes de colgar.

Félix arrancó su coche siguió conduciendo. Mientras lo hacía recordaba todos y cada uno de los momentos que pasó junto a Ana. Aquella primera vez que la vio, en el campo de heno a lo lejos, aquel primer sentimiento, que pensó en que sería una novata, y que ella pensó que él era un arrogante. Recordaba también aquella noche en la que mientras él esperaba fuera ella se coló en el edificio de los Reprobi, aquella fue la primera vez que tuvo miedo de perderla, aquella fue la primera vez que fue consciente que se había enamorado de ella.

Y casi sin darse cuenta, el coche fue avanzando por la carretera, alejándose en el horizonte.


domingo, 14 de abril de 2019

Temporada 2 Capitulo 15: La paloma


Cuanto dolor hay siempre en un hospital. Da igual que haya una rotura, una enfermedad grave o una muerte, en un hospital siempre hay dolor. Los hospitales están llenos de dolor y de espíritus. Si pudiésemos ver a los que un día se fueron para no volver, veríamos que un hospital está lleno de esa gente que un día se les quiso y que hoy ya nadie se acuerda de ellos. En hospitales, a lo largo de los años, mueren más personas que una guerra.

En la habitación 102 del Hospital General también había dolor. Ana había sufrido una crisis y había tenido que bajar a quirófano de urgencia. Félix esperaba nervioso junto a Lourdes en el interior de la habitación. Las horas eran pesadas y lentas. Nadie subía para informar.

- Hay que ver, hace nada estaba conmigo en Rondom buscando a tu padre si saberlo y hoy está luchando por sobrevivir – Dijo Félix
- Siempre la envidié – dijo Lourdes
- Es buena, muy buena en lo suyo. La lastima es que en Rondom nunca pasa nada -
- Ahora que iba a empezar una nueva vida -
- Seguro que la empezará -

De pronto entró en doctor en la habitación. Su cara era seria, pero lo cierto es que su cara siempre era seria.

- Hemos intentado intervenir a Ana – dijo el doctor
- ¿Pero...? - dijo Félix
- No ha podido ser. Les voy a ser sincero, hablaré sin rodeos. Nosotros ya no podemos hacer más por ella. Quizás esté meses en coma, años, o quizás horas, pero la probabilidad de que salga algún día es de un 0,0001%. Ahora ustedes tienen que tomar la decisión, si la mantienen conectada a una maquina o si deciden desconectarla. Ahora subirá, cuando tomen una decisión comuníquelo a las enfermeras -

El doctor se marchó y Ana entró en una cama a la habitación. Lourdes echó a llorar. Se abrazó a ella y se despidió. Miró fijamente a Félix y se marchó de la habitación sin decir nada, comprendió que Félix debía quedarse a solas con Ana para despedirse. Félix se acercó a Ana, le agarró la mano, y aunque estaba ahí inerte tenía la esperanza que en el fondo le iba a escuchar.

- ¿Recuerdas aquella cena en la que quisiste besarme?. Yo también quería, pero no quería mezclar trabajo con romances. Pensaba que una vez que atrapásemos al... bueno, a tu padre, tendría todo el tiempo del mundo para besarte. No fue así. Nunca se me dio bien mostrar mis sentimientos. ¿Recuerdas cuando entraste al bar y me viste besándome con otro hombre? Te vi, nunca te lo dije, pero te vi. Tampoco me importó, en el fondo tuve la idea infantil que quizás así estarías celosa, o quizás te olvidases de mi y así no tendría que declarar mis sentimientos por ti, no lo sé. Creo que podíamos haber vivido tanto juntos, y te dejé escapar. Ahora ya nada importa. Deja de sufrir, vete, y no te preocupes, yo estaré siempre acordándome de ti. Algún día, cuando yo me marche de este mundo, espero verte ahí esperándome para estar juntos todo ese tiempo que aquí no hemos podido disfrutar. Ahora marchate, vuela alto paloma – dijo Félix

La puerta de la habitación se abrió y entró Lourdes llorando acompañada de una enfermera. La enfermera se acercó a las maquinas que permitían respirar a Ana y extendió su dedo hacía el botón que lo desconectaría. Todo se tornó en oscuridad mientras un rotundo pitido retumbaba con cierto eco.

domingo, 7 de abril de 2019

Temporada 2 Capitulo 14


En Rondom el sol salía tímidamente, como siempre, detrás del horizonte. Los barcos pesqueros estaban listos para salir a faenar. Hacía años que Félix no se sentía feliz consigo mismo. La brisa marina acariciaba su cara, y al volver la cara allí estaba ella. Esplendida como siempre.

- ¿Has preparado ya las cosas las cosas? - dijo Félix
- Aún queda alguna maleta. ¿Tú has hecho la tuya? -
- No. Sabes lo desastre que soy. Dejo todo para el ultimo momento -
- He hablado con el dueño de la casa. Ya está todo preparado -
- Luego iré a recoger los billetes del barco -
- Te va a encantar el lugar. Es una isla muy tranquila, con grandes paisajes y muchas orcas -
- Me alegro que hayas salido del hospital. Pensé que te perdía -
- Nadie puede conmigo. Podrán pisotearme, intentar matarme, pero soy una mujer dura, ruda, mujer de pueblo, y no podrán conmigo -
- Será duro no volver a trabajar en asesinatos y secuestros -
- Pero a la larga lo agradeceremos. Ya no habrá estrés, viviremos tranquilos, quizás con una granja, quizás cultivando... -
- O quizás haciendo jarrones -
- Quizás. La artesanía es algo muy bonito -
- Me alegro que estés conmigo -
- Te perdí una vez, no podía volver a perderte -
- No, quien te perdió fui yo a ti por no querer ver lo inevitable -

De pronto sonó el teléfono móvil de Ana. Esta descolgó el teléfono y contestó. La conversación fue breve.

- Era Silvia. Que fuésemos a la comisaría a despedirnos. La conozco muy bien, seguro que nos tienen preparada una sorpresa -
- Ah no, detesto las sorpresas. Se me queda cara de gilipollas, nunca sé como reaccionar y siempre se ríen de mi -
- No seas bobo, si eres muy gracioso. Anda vamos, que no les vamos a hacer esperar -

Félix y Ana empezaron a andar por el puerto de Rondom hasta que sus figuras se perdieron en el horizonte de la lejanía.


domingo, 31 de marzo de 2019

Temporada 2 Capitulo 13: El tren al fondo de la estación


La ciudad puede ser un lugar asfixiante. El calor de su asfalto, el murmullo de su gente, la indiferencia del que toma café en la mesa de al lado. Los atropellos, los empujones. Es decir, la falta de empatía con con el que tienes al lado. Es todo lo contrario que en los pueblos.

Félix amaba la ciudad y esa falta de empatía, detestaba los pueblos y su gente, y tras haber salido de Rondom había jurado no volver nunca a un lugar así. Pero lo cierto es que un caso como el que estaba llevando Félix en la gran ciudad, carecía de la emoción de un caso como el de Rondom. En Rondom se movía, iba a casa de uno, de otro, recorría diferentes escenarios, lugares interesantes, y la gente pese a ser la misma mentirosa que en la gran ciudad, al menos si te transmitían esa sensación de cercanía que el ser humano tanto necesita. Sin embargo en la gran ciudad todo era más aburrido, Félix apenas iba del hospital a casa, y de casa al Palacio Presidencial. Y así día tras día, siempre lo mismo. A lo mejor Félix empezaba a echar de menos Rondom, a su gente, a ese gordo asqueroso que al final no era otro que un pobre desgraciado al que la vida le trató mal hasta el mismo momento de su muerte. A lo mejor Félix echaba de menos al tabernero infiel, a su esposa sectaria, al prostíbulo de mala muerte, a sus bares y restaurantes en el puerto, a los campos de heno al borde del acantilado, a las olas rompiendo contra las rocas, a los atardeceres mientras adivinas las siluetas de los barcos pesqueros llegando a puerto, a Ana, a Ana y todo lo que tenía que ver con ella. Es posible que lo que realmente echaba de menos era a Ana.

Lo cierto es que Ana era más importante en la vida de Félix de lo que el mismo pensaba. Y aunque pudiese pensar que solo era una amiga muy importante y especial, lo cierto es que aunque se lo negase a si mismo, se había enamorado de ella. Pero en la vida los trenes hay que cogerlos cuando pasan, no puedes pretender estar de pie en el andén de la estación, ver llegar al tren, no moverte, y cuando ves que se aleja intentar correr detrás de él, un tres siempre será más rápido que las piernas, sino la gente no pagaría por viajar en él e iría gratis andando a todos los lugares.

Félix había dejado que el tren se marchase y luego había echado a correr detrás de él. Pero obviamente no pudo alcanzarlo. Ana lo había intentado, se había enamorado de él pero Félix no quiso. Ahora que Ana se debatía entre la vida y la muerte era cuando Félix se había dado cuenta que estaba enamorado de ella. Una vez más Félix había llegado tarde, como siempre le pasaba.

Solo esperaba que Ana saliese de ese coma, que no tuviese secuelas, y juró antes los mismísimos dioses que si esto ocurría no volvería a dejar pasar ese tren, que se iría a vivir a ese pueblo de mierda, o quizás a esa casa solitaria en esa isla perdida que tanto le gustó a Ana. Juró que se iría allí o donde Ana fuese, porque ya solo quería estar con ella. Ana tenía que salir adelante, era la ultima oportunidad de Félix.


domingo, 24 de marzo de 2019

Temporada 2 Capitulo 12: La cloaca


Félix estaba en su casa cuando de pronto sonó el teléfono. Era la esposa del Presidente.

- Tengo algo que contarle – dijo ella
- De acuerdo, dígame -
- No, por aquí no. No sabemos si le han pinchado la línea -
- De acuerdo. Usted me dirá donde -
- En el Olympo -
- Pero eso es una discoteca – dijo Félix sorprendido
- Lo sé, así con todo el ruido nadie podrá escuchar lo que digamos. Esta noche le veo allí -
- Mejor mañana, esta noche tengo compromisos – Dijo Félix sabiendo que esa noche tenía que ir a la carretera Norte a ver lo que allí iba a ocurrir y que el Presidente intentaba ocultar.

Cayó la noche y Félix estaba escondido entre unos arboles de un bosque a lo alto de la carretera, desde ahí podía observar todo lo que allí ocurría sin ser descubierto. De pronto, en mitad de la oscuridad de la madrugada vio a lo mejor un montón de luces formando una linea a lo lejos, según se acercaban podía adivinar que era las luces de faros de vehículos. Cuando pasaron por delante de él vio que eran muchos camiones de pequeño tamaño, con la parte trasera cubierta por una lona blanca, uno detrás de otro como si fuese una procesión. Entre ellos de vez en cuando iba un Todo terreno descapotable con hombres armados con ametralladoras. Félix empezaba a ser consciente que el Presidente era más corrupto de lo que podía imaginar, y que lo que el Presidente se traía entre manos sera algo muy gordo.

Al día siguiente Félix estaba haciendo memoria, recopilando en su cabeza todo lo que hasta ahora sabía. El hijo del Presidente había desaparecido, el secuestrador era alguien próximo a él, incluso podría ser por alguna venganza, o bien por querer despedir a parte de su equipo, o bien por ser infiel o bien por algún negocio más que turbio en los que estaba metido. Había esas tres lineas de investigación, y todas llevaban al mismo punto, el Presidente daba una imagen lejos de la real.

Esa misma noche Félix acudió al Olympo, allí estaba cerca de la barra la esposa del Presidente. Ambos se saludaron y sentaron en unos sillones que estaban en un a esquina lejos de las miradas de nadie.

- Bien. ¿Y que era eso que tenía que contarme? - preguntó Félix
- Mi marido está ayudando a introducir cocaína a un narco en el país – dijo ella
- ¿Pero por qué? -
- Es sencillo, obtiene mucho dinero que luego invertirá en armas y en comprar a altos mandos militares -
- Explique eso bien -
- Cuando haya comprado tanto las armas como a los altos mandos militares esperará a que lleguen las próximas elecciones. Mi marido sabe que no las ganará, el país se está hundiendo económicamente y eso le hará responsable ante la mirada de la gente. Sabe que perderá, pero el poder es como un caramelo, siempre dulce y agradable al paladar. Mi marido no piensa dejar esto, no lo permitirá -
- ¿Y como lo va a hacer? -
- ¿De verdad no se lo imagina? Pensaba que era más listo -
- En realidad si me lo imagino pero no quiero pensar en un golpe de estado -
- Pues así es, Y le aseguro que lo conseguirá -
- Usted es su esposa, usted puede detenerlo -
- No, usted puede detenerlo -
- Pero usted es quien está más cerca de él -
- ¿Y que interés tendría yo es sacarlo a la luz pudiendo seguir disfrutando del poder todo el tiempo que quiera? -

De pronto un Whatsapp llegó al teléfono de Félix. Soy Lourdes. Ana empieza a responder a los primeros estímulos. Estamos cerca de que todo esto termine.


Temporada 2 Capitulo 18: Nunca me olvides

Félix estaba cansado, muy cansado, la noche había sido larga, pero fructífera. Por fin tenía la localización del almacén donde se guardaba...