Ese día se había
levantado con viento, no era fuerte pero si molesto. Rondom estaba
acostumbrado a ese viento, estando al borde de los grandes
acantilados no es de estrañar ese viento más veces de lo que a uno
le gustaría. En el cementerio estaba Tomás, Carmen, María, los
antiguos compañeros de comisaria de Ana, y más de la mitad del
pueblo. De pronto se acercó una carreta tirada por un caballo. Sobre
ella estaba el enterrador y un ataúd. La carreta se paró, el
enterrador bajó y con ayuda de los vecinos del pueblo bajaron el
ataúd. Nadie hablaba, el único sonido era el del viento. El ataúd
empezó a descender lentamente en un agujero en el suelo. Cuando uno
quiso darse cuenta, Ana estaba en el fondo de la fosa y el enterrador
lanzaba tierra con una pala sobre ella. Luego todos marcharon. Félix
no quiso estar ni un segundo más en ese pueblo. Demasiados
recuerdos. Antes de arrancar el coche miró para atrás, sabía que
jamás volvería allí, ya nada le unía a Rondom.
En mitad del camino
Félix paró el coche en la cuneta. Cogió el móvil y llamó a
Lourdes.
- Lourdes, soy
Félix. Gracias por todo. ¿Sabes? Estaba pensando, que quizás
cuando termine el trabajo que tengo a medias me voy a ir a vivir a
ese lugar donde quería vivir Ana. Quizás esa isla con orcas no sea
mal lugar. Quizás pueda vivir lo que Ana no pudo – de pronto
Félix enmudeció y tras una pausa siguió – Oye Lourdes, yo no
tengo familia ni nadie que se ocupe de mi. Si me ocurriese algo,
quiero que me entierren en Rondom, junto a Ana. Prometeme que
tomarás esa decisión por mi, que harás todo lo posible para que
así sea... gracias Lourdes. Un beso, y espero verte algún día –
dijo Félix justo antes de colgar.
Félix
arrancó su coche siguió conduciendo. Mientras lo hacía recordaba
todos y cada uno de los momentos que pasó junto a Ana. Aquella
primera vez que la vio, en el campo de heno a lo lejos, aquel primer
sentimiento, que pensó en que sería una novata, y que ella pensó
que él era un arrogante. Recordaba también aquella noche en la que
mientras él esperaba fuera ella se coló en el edificio de los
Reprobi,
aquella fue la primera vez que tuvo miedo de perderla, aquella fue la
primera vez que fue consciente que se había enamorado de ella.
Y casi sin darse
cuenta, el coche fue avanzando por la carretera, alejándose en el
horizonte.
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