El
olor era espeso, El olor en los hospitales siempre es igual, una
mezcla de enfermedad y de medicinas varias. Incluso hay olor a
muerte, porque a decir verdad, los hospitales son esos lugares donde
más muere la gente en tan poco metros cuadrados cada día. En la
habitación 102 estaba Ana, conectada a un respirador intentando
sobrevivir como podía. A un lado de la cama, agarrando su mano para
que estuviese más tranquila, si es que dentro del estado de coma se
puede tener la conciencia de estar tranquilo o no, estaba Félix. Por
su mejilla corría una lágrima en silencio. De pronto entró
Lourdes.
-
Te traigo café – dijo Lourdes
-
Gracias - dijo Félix mientras agarraba un vaso de cartón con el
café en su interior
-
¿Que dicen los médicos? - preguntó Félix
-
Que hay que esperar. No dicen nada, solo que hay que esperar. Con las
puñaladas perdió mucha sangre,y los golpes fueron fatales,
especialmente los que fueron en la cabeza -
-
Si no sale de esta yo me muero -
-
Saldrá Félix, saldrá -
El
día fue cayendo y ya por la tarde Félix estaba de nuevo en el
Palacio presidencial. El jardinero había acudido a la llamada de
este.
-
¿Desde cuando trabajas para el Presidente? - preguntó Félix al
jardinero
-
Desde hace tres años, los mismo que lleva el Presidente en el
gobierno -
-
¿Que tal es la relación con Raimundo? -
-
Es el hijo del Presidente, ¿que relación quiere que tenga? -
-
El día de su desaparición le dijo algo a Raimundo y a su prima -
-
Si, que se fuesen a jugar a otro sitio, estaban jugando con una
pelota e iban a romper todas las flores que acaba de plantar -
-
¿Una pelota? -
-
Si, una pelota. Aquella que está junto a esa caseta de madera –
dijo el jardinero señalando una vieja caseta de madera en mitad del
jardín
-
¿Que hay en esa caseta? -
-
No lo sé, es la caseta del Presidente, donde suele esconderse cuando
está agobiado, supongo que tendrá una televisión, libros,
revistas o cualquier otra cosa -
Félix
se quedó pensativo, por fin había descubierto por donde empezar,
por la vieja caseta de madera.
Cayó
la noche y Félix había hecho que disimuladamente permaneciese a
esas horas en palacio. Empezó a dar una vuelta por el jardín en
mitad de la oscuridad. Se acercó a la caseta de madera y
disimuladamente forzó la puerta. Entró dentro y se encontró un
sillón, una cama, una televisión, una estantería con libros y
fotos. De pronto notó como si el suelo estuviese hueco. Miró a sus
pies y vio una trampilla. La levantó y se encontró un pasadizo
escavado en la tierra.