domingo, 14 de abril de 2019

Temporada 2 Capitulo 15: La paloma


Cuanto dolor hay siempre en un hospital. Da igual que haya una rotura, una enfermedad grave o una muerte, en un hospital siempre hay dolor. Los hospitales están llenos de dolor y de espíritus. Si pudiésemos ver a los que un día se fueron para no volver, veríamos que un hospital está lleno de esa gente que un día se les quiso y que hoy ya nadie se acuerda de ellos. En hospitales, a lo largo de los años, mueren más personas que una guerra.

En la habitación 102 del Hospital General también había dolor. Ana había sufrido una crisis y había tenido que bajar a quirófano de urgencia. Félix esperaba nervioso junto a Lourdes en el interior de la habitación. Las horas eran pesadas y lentas. Nadie subía para informar.

- Hay que ver, hace nada estaba conmigo en Rondom buscando a tu padre si saberlo y hoy está luchando por sobrevivir – Dijo Félix
- Siempre la envidié – dijo Lourdes
- Es buena, muy buena en lo suyo. La lastima es que en Rondom nunca pasa nada -
- Ahora que iba a empezar una nueva vida -
- Seguro que la empezará -

De pronto entró en doctor en la habitación. Su cara era seria, pero lo cierto es que su cara siempre era seria.

- Hemos intentado intervenir a Ana – dijo el doctor
- ¿Pero...? - dijo Félix
- No ha podido ser. Les voy a ser sincero, hablaré sin rodeos. Nosotros ya no podemos hacer más por ella. Quizás esté meses en coma, años, o quizás horas, pero la probabilidad de que salga algún día es de un 0,0001%. Ahora ustedes tienen que tomar la decisión, si la mantienen conectada a una maquina o si deciden desconectarla. Ahora subirá, cuando tomen una decisión comuníquelo a las enfermeras -

El doctor se marchó y Ana entró en una cama a la habitación. Lourdes echó a llorar. Se abrazó a ella y se despidió. Miró fijamente a Félix y se marchó de la habitación sin decir nada, comprendió que Félix debía quedarse a solas con Ana para despedirse. Félix se acercó a Ana, le agarró la mano, y aunque estaba ahí inerte tenía la esperanza que en el fondo le iba a escuchar.

- ¿Recuerdas aquella cena en la que quisiste besarme?. Yo también quería, pero no quería mezclar trabajo con romances. Pensaba que una vez que atrapásemos al... bueno, a tu padre, tendría todo el tiempo del mundo para besarte. No fue así. Nunca se me dio bien mostrar mis sentimientos. ¿Recuerdas cuando entraste al bar y me viste besándome con otro hombre? Te vi, nunca te lo dije, pero te vi. Tampoco me importó, en el fondo tuve la idea infantil que quizás así estarías celosa, o quizás te olvidases de mi y así no tendría que declarar mis sentimientos por ti, no lo sé. Creo que podíamos haber vivido tanto juntos, y te dejé escapar. Ahora ya nada importa. Deja de sufrir, vete, y no te preocupes, yo estaré siempre acordándome de ti. Algún día, cuando yo me marche de este mundo, espero verte ahí esperándome para estar juntos todo ese tiempo que aquí no hemos podido disfrutar. Ahora marchate, vuela alto paloma – dijo Félix

La puerta de la habitación se abrió y entró Lourdes llorando acompañada de una enfermera. La enfermera se acercó a las maquinas que permitían respirar a Ana y extendió su dedo hacía el botón que lo desconectaría. Todo se tornó en oscuridad mientras un rotundo pitido retumbaba con cierto eco.

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