Cuanto dolor hay
siempre en un hospital. Da igual que haya una rotura, una enfermedad
grave o una muerte, en un hospital siempre hay dolor. Los hospitales
están llenos de dolor y de espíritus. Si pudiésemos ver a los que
un día se fueron para no volver, veríamos que un hospital está
lleno de esa gente que un día se les quiso y que hoy ya nadie se
acuerda de ellos. En hospitales, a lo largo de los años, mueren más
personas que una guerra.
En la habitación
102 del Hospital General también había dolor. Ana había sufrido
una crisis y había tenido que bajar a quirófano de urgencia. Félix
esperaba nervioso junto a Lourdes en el interior de la habitación.
Las horas eran pesadas y lentas. Nadie subía para informar.
- Hay que ver, hace
nada estaba conmigo en Rondom buscando a tu padre si saberlo y hoy
está luchando por sobrevivir – Dijo Félix
- Siempre la
envidié – dijo Lourdes
- Es buena, muy
buena en lo suyo. La lastima es que en Rondom nunca pasa nada -
- Ahora que iba a
empezar una nueva vida -
- Seguro que la
empezará -
De pronto entró en
doctor en la habitación. Su cara era seria, pero lo cierto es que su
cara siempre era seria.
- Hemos intentado
intervenir a Ana – dijo el doctor
- ¿Pero...? - dijo
Félix
- No ha podido ser.
Les voy a ser sincero, hablaré sin rodeos. Nosotros ya no podemos
hacer más por ella. Quizás esté meses en coma, años, o quizás
horas, pero la probabilidad de que salga algún día es de un
0,0001%. Ahora ustedes tienen que tomar la decisión, si la
mantienen conectada a una maquina o si deciden desconectarla. Ahora
subirá, cuando tomen una decisión comuníquelo a las enfermeras -
El doctor se marchó
y Ana entró en una cama a la habitación. Lourdes echó a llorar. Se
abrazó a ella y se despidió. Miró fijamente a Félix y se marchó
de la habitación sin decir nada, comprendió que Félix debía
quedarse a solas con Ana para despedirse. Félix se acercó a Ana, le
agarró la mano, y aunque estaba ahí inerte tenía la esperanza que
en el fondo le iba a escuchar.
- ¿Recuerdas
aquella cena en la que quisiste besarme?. Yo también quería, pero
no quería mezclar trabajo con romances. Pensaba que una vez que
atrapásemos al... bueno, a tu padre, tendría todo el tiempo del
mundo para besarte. No fue así. Nunca se me dio bien mostrar mis
sentimientos. ¿Recuerdas cuando entraste al bar y me viste
besándome con otro hombre? Te vi, nunca te lo dije, pero te vi.
Tampoco me importó, en el fondo tuve la idea infantil que quizás
así estarías celosa, o quizás te olvidases de mi y así no
tendría que declarar mis sentimientos por ti, no lo sé. Creo que
podíamos haber vivido tanto juntos, y te dejé escapar. Ahora ya
nada importa. Deja de sufrir, vete, y no te preocupes, yo estaré
siempre acordándome de ti. Algún día, cuando yo me marche de este
mundo, espero verte ahí esperándome para estar juntos todo ese
tiempo que aquí no hemos podido disfrutar. Ahora marchate, vuela
alto paloma – dijo Félix
La puerta de la
habitación se abrió y entró Lourdes llorando acompañada de una
enfermera. La enfermera se acercó a las maquinas que permitían
respirar a Ana y extendió su dedo hacía el botón que lo
desconectaría. Todo se tornó en oscuridad mientras un rotundo
pitido retumbaba con cierto eco.
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