Era
temprano, Félix pegaba pequeños sorbos de su taza de café mientras
cogía el mando a distancia de la televisión y le daba al botón de
ON.
Mientras,
en la otro extremo del pueblo, Ana preparaba el desayuno a su hija y
al igual que Félix también le daba al botón de ON.
Ambos
se quedaron de piedra al ver en la pantalla a la periodista que ya
había estado fisgoneando el día que se encontró el cadáver. La
periodista, mirando fijamente a la cámara, informaba sobre el
funeral del día anterior.
- Ayer fue enterrada el cuerpo de la que ya ha sido bautizada como La chica de la costa , de la cual aún desconocemos su identidad. La policía anda perdida y algunas voces piden ya un relevo de los agentes a cargo de la investigación.
Más tarde , Félix
entraba gritando a comisaría mientras Ana miraba con preocupación.
- ¿La chica de la costa? ¿Pero que coño es esto? - decía Félix muy enfadado
- Lo sé, yo también lo vi esta mañana – respondía Ana
- Y que la policía anda perdida y piden nuestro relevo. Esto es demasiado -
- Creo que esto solo entorpece la investigación, que de por sí es ya bastante complicada -
- ¿De donde ha salido ese pedazo de carne al que le gusta jugar al periodismo sensacionalista? -
- Están alojados en el hotel de mi padre -
- Deberías hablar con él, quizás pueda contarnos algo que nos ayude a parar los pies a esa rubia -
Ana solo asentía
con la cabeza, sabía que Félix tenía razón, así que cogió su
bolso y fue a visitar a Rafael, su padre.
- Buenos días papá – dijo Ana
- Buenos días cariño. ¿ocurre algo? - preguntó Rafael
- Sabes en que habitación está esa periodista que está hospedada aquí -
- Ella en la habitación 205. Él en la 103. Pero ninguno de los dos está ahora ahí-
- Perfecto – dijo Ana mientras subía por las escaleras al primer piso -
- No hagas ninguna tontería – Gritaba desde abajo Rafael.
Ya
en la habitación 205, Ana miraba por los cajones en busca de algo
que le permitiese chantajear a la periodista, pero no encontraba
nada. De pronto, en una maleta encontró una fotografía antigua y
Ana exclamó un No
puede ser.
Mientras, Félix
había vuelto a los campos de heno al borde del precipicio donde
había aparecido la chica muerta, Sabía que tenía que haber más
pistas que no habían encontrado aún. De repente vio en el suelo
algo que brillaba. Se agachó y lo cogió. Era como una piedra
preciosa con un escudo grabado en relieve sobre ella. Félix metió
la piedra en su bolsillo y siguió observando, pero por más que
miraba no encontraba nada.
Más tarde, en la
comisaria Félix observaba minuciosamente el escudo grabado sobre la
piedra. De pronto Ana entró gritando
- ¡Lo tenemos! - gritaba Ana nerviosa a la par que contenta mientras andaba hacía Félix
- ¿Que tenemos? - respondía Félix
- Observa esto - Dijo Ana mientras le daba la antigua fotografía a Félix
- Perfecto, un militar con cara de pocos amigos y una niña rubia a su lado -
- Fijate bien. ¿Quien es el militar? -
- ¡Hostia! ¡es el general Pardo! - dijo sorprendido Félix
- Efectivamente, y la niña a su lado es su hija. Y casualmente es la periodista de esta mañana -
El general Pardo
era un antiguo mando en la época de la dictadura que fue famoso por
sus torturas, muertes y desapariciones de todo aquel contrario al
régimen. Su hazaña más sangrienta fue la noche del 24 de Diciembre
de 1952, cuando entró por sorpresa a un viejo bar donde los jóvenes
celebraban la Navidad y uno a uno fue matando con un tiro en la
frente a todo aquel que se encontraba allí. En total 45 personas
muertas. Tras esa noche, el general desapareció para siempre y nunca
nadie supo donde se encontraba.
- Creo que esta señorita va a tener mucho que contarnos – dijo Félix con una sonrisa en su boca
Félix cogió su
petaca y dio un trago largo mirando fijamente a Ana
- Traed a esa periodista, que vamos a darle unos consejos. Y ya de paso, traed a María, no me fio de ella, esconde algo – dijo Félix.
Un par de horas
después apareció María. Félix, de forma muy educada abrió la
puerta de la sala de interrogatorios y ofreció asiento a María.
- Bien, lo primero que le diré es que hay algo en toda esta historia que no me encaja, y no sé por qué usted sabe más de lo que cuenta – dijo Félix
- Es usted un poco recalcitrante – respondió Ana
- O usted una embustera. ¿De que conocía a la chica que apareció muerta? -
- Ya le dije que no la conocía de nada, pero usted está obsesionado -
- No me lo creo, no me creo que si usted cuida a Nem no supiese quien era esa chica. ¡Por dios, tenía toda una pared empapelada con sus fotos! -
- Yo no entro en la vida privada de nadie, suficiente tengo con la mía -
Así estuvieron
ambos cerca de dos horas, dos horas en las que Félix no dejaba de
atacar con una batería de preguntas y ella no dejaba de contestar
que no conocía de nada a esa chica, y que ni siquiera sabía como
era. Tras ese tiempo, ella se levantó y cansada se marchó. Justo en
el momento en el que María se marchaba entraba por la puerta de la
comisaría la periodista.
- ¡Por fin! ¡mi gran amiga! Tome asiento por favor – dijo Félix
- ¿Usted es? -
- Puede llamarme Félix, señorita Pardo -
- Se equivoca, mi apellido es García -
- Yo creo que no – dijo Félix mientras le enseñaba la fotografía
- ¡Joder! -
- Creo que no solo va a dejar de meterse donde no le importa sino que va a tener que decirnos donde está su padre -
- No tengo ni la más mínima idea -
- Ya está anocheciendo y presiento que la noche va a ser larga. Póngase cómoda – dijo con una sonrisa Félix....
Ya con la noche
cerrada, en una vieja mecedora de mimbre estaba sentada María en su
salón, con la luz tenue y con una vieja radio de los años 50. En
ella sonaba Gloomy Sunday cantada por la melancólica voz de
Billie Holiday. María miraba al techo pensativa, como si buscase en
sus pensamientos algo olvidado. De pronto, metió la mano en el
bolsillo de la rebeca que llevaba puesta y sacó una fotografía. La
miró fijamente y en silencio suspiró con cierta preocupación. En
dicha fotografía se podía ver a la chica que había aparecido
muerta.
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