domingo, 9 de septiembre de 2018

Capitulo 16: La estrella


El sol empezaba a asomar su testa por el horizonte desdibujado. Había perdido su fuerza, el verano ya estaba tocando a su fin, y empezaba a soplar una ligera brisa que según pasaban los minutos cada vez era más fuerte. Ana ya había vuelto a casa, la escapada había sido su salvación, pero ahora tenía que regresar a su rutina diaria. Félix mientras tanto estaba paseando por el puerto, pensando y sin entender que le había ocurrido a Ana para haberse pedido un par de días libres en el trabajo y haber desaparecido.

Pasaron un par de horas y ambos estaban ya en la oficina, ninguno hablaba sobre lo ocurrido, Ana no le decía a Félix que lo había visto en la ratonera y este no le preguntaba a Ana que había ocurrido ni donde había estado. El ambiente estaba cargado, era cortante, frío. De pronto Silvia se acercó.

- Lo tengo – Dijo Silvia
- ¿Que tienes? - preguntó Ana
- La dirección de tu tio Antonio – respondió Félix
- Vive en una pequeña casa camino de la iglesia – dijo Silvia
- Vamos a por ese hijo de puta – dijo Ana

Los coches llegaron a gran velocidad a la casa de Antonio. Félix y Ana se bajaron de uno, del otro bajó Silvia. Tocaron al timbre de la casa de Antonio. Este abrió la puerta, y sin apenas poder decir nada se vio con unas esposas puestas en las muñecas y siendo metido en uno de los coches. Antonio sabía por que habían venido a por él, no hacía falta que preguntase. Sabía que este era su fin.

Al mismo tiempo Roberto junto con varios agentes habían llegado a La estrella. Habían echado a todas las prostitutas, habían precintado el prostíbulo y habían detenido también a su dueño.

Por fin Félix empezaba a tener la sensación de estar cerca de resolver el asesinato. Ana también empezaba a sentir lo mismo. Después de tanto tiempo sin apenas pistas por fin se estaban acercando a la verdad. Quizás sin saberlo aún, tenían en su coche o en el de Roberto al asesino, todo era cuestión de tiempo, de ir uniendo las piezas poco a poco y con cuidado, quizás así todo empezaría a tener sentido.

Los interrogatorios no dieron sus frutos, al menos el que le hicieron a Antonio. Antonio era un viejo asqueroso, misógino, borracho y pedófilo. Pero lejos de todo eso no había más.

- Míriam estaba llorando ¿Verdad? - preguntó Félix
- Si, esa zorra no paraba de lloriquear, no se dejaba dar por culo – respondió Antonio
- Y aún así lo hiciste a la fuerza, aunque ella no quisiese, como hacías conmigo cuando yo era una niña – dijo Ana
- ¡Joder! Había pagado por ella. Si no se iba a dejar que me hubiesen devuelto el dinero, pero ese cabrón se negó – Dijo Antonio
- Cuando terminaste ¿que hiciste? - preguntó Félix
- Me marché, no quería volver a ver a esa puta en los que me queda de vida – dijo Antonio

Sin embargo el dueño del prostíbulo si podía aportar algo nuevo, y Roberto, que estaba interrogándolo, no pensaba dejar escapar esta oportunidad.

- ¿Quien estuvo esa noche con Míriam Rosales? - preguntó Roberto
- Muchos clientes, diría que cerca de siete u ocho – respondió el dueño del prostíbulo
- ¿Pero quienes eran? -
- Pescadores borrachos, hartos de su mujer, que buscaban lo que su mujer no les daba en casa -
- ¿Todos eran pescadores? -
- Todos no, también había un cura -
- El padre Ángel – dijo asombrado Roberto mientras el interrogado sonreía


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