Acaba
de amanecer. El Presidente dormía con su esposa cuando de pronto
Félix entró furioso en el dormitorio.
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Me mintió. Usted me mintió – gritó Félix
-
¿Pero que hace aquí? ¿Quien le ha dejado entrar? - dijo el
Presidente
-
Es usted un mentiroso -
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Recuerde que soy el Presidente -
-
Y yo el policía que está intentando encontrar con vida a su hijo,
así que no me toque los cojones, ni presidente ni hostias -
El
Presidente se quedó mudo, nunca nadie se le había enfrentado de esa
manera a la cara, y además Félix tenía razón, la vida su hijo
corría peligro y solo él podía evitar la tragedia.
-
¿Por que no me dijo que había otra salida además de la entrada
principal del palacio? - preguntó furioso Félix
-
Es secreto presidencial - dijo el Presidente
-
Es el pasadizo que usa mi marido para irse de putas – dijo la
esposa del Presidente
-
De puta madre ¿Hay algo más que no me haya contado y que deba
saber? - preguntó Félix
-
No, creo que no -
-
La caseta queda precintada. A partir de ahora se va de putas por la
puerta principal -
-
No puede hacer eso – dijo el Presidente
-
Si puedo, y de hecho lo estoy haciendo – respondió Félix
Félix
salio del dormitorio del Presidente y se dirigió al dormitorio donde
estaba Melodie.
-
Mocosa mentirosa. No estabais jugando a los mamás y a los papás
cuando desapareció tu primo, estabais jugando a la pelota – Dijo
Félix mientras entraba en el dormitorio
-
No me acuerdo – dijo Melodie
En
ese momento entró la madre de Melodie, había escuchado los gritos
desde su dormitorio.
-
¿Que ocurre cariño? ¿Y quien es usted? - dijo la madre de Melodie
-
Mamá, este señor me está asustando. Tengo miedo – dijo Melodie
-
Su hija me mintió – dijo Félix
-
Tenga cuidado con lo que dice de mi hija ¿Quien es usted? -
-
El policía que investiga la desaparición de Raimundo – dijo el
Presidente que en ese momento había entrado en el dormitorio de
Melodie
-
Vaya, el que faltaba para la fiesta. Venga ¿Quien trae el whisky? -
dijo irónicamente Félix
Félix
salió al jardín, entró en la vieja caseta de madera, abrió la
trampilla del suelo y se introdujo por el pasadizo con una linterna
frontal en la cabeza. Dentro había mucha humedad, mucho calor y un
olor fuerte a tierra. Las raíces de los arboles de la superficie
asomaban por las paredes del pasadizo como queriendo dar la
bienvenida a Félix. De pronto, Félix vio enganchado de una de las
raíces una tela amarilla. Lo cogió y al extenderla vio que era un
pantalón corto de niño.
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