Era temprano, el sol
empezaba a asomar por el fina y afilada linea del horizonte del mar.
Las olas rompían con fuerza en la orilla y el viento corría leve y
suavemente. Era ese momento en el que a la par que asoma el sol baja
bruscamente la temperatura y hace frio, un frio helador. En la arena,
tumbados y agotados estaban Félix y Ana, aún preguntándose como
podía haber escapado ella de lo que era una muerte segura. Aún con
la emoción, con la adrenalina en sus cotas más altas, comentaban la
gran hazaña vivida.
- Te lo juro, aquello era enorme. Miles y miles de estanterías – Decía Ana con una sonrisa en la boca
- Era imposible encontrar la lista de los veteranos – contestaba Félix
- Si, aquello parecía la biblioteca de Alejandría. Aún así encontré una caja con documentos que estoy seguro que era algo que nos hubiese servido de mucha ayuda -
- ¿No hubo ninguna manera de haberlo cogido? - preguntó Félix
- ¡Que va! Si cuando lo tenía en mis manos de repente se abrió la puerta y apareció ese viejo barbudo. Ahí ya salí corriendo como pude y salté por la ventana. Tuve mala suerte, el teléfono móvil se cayó. Si lo encuentran sabrán que hemos estado allí dentro -
- Habrá que volver -
- ¡Estas loco!. ¿Sabes a quien vi con el viejo barbudo? -
- Sorprendeme -
- A Carmen, la mujer del Tomás -
- ¿Tomás? -
- Si, el dueño de la taberna de pescadores. El que te metió el puñetazo en el ojo -
- Joder, aún me duele -
- Pues estaba ella allí. Pertenece a los Reprobi -
- Habrá que hablar con ella sin que sospeche de nosotros – contestó Félix
Ambos se
levantaron, fueron hacia el coche y se marcharon a casa, había sido
una noche dura.
Mientras, en el
hospital, Maria había ido a visitar a Nem. Nerviosa, no paraba de
hablar susurrando para que nadie escuchase lo que decía.
- Lo has estropeado todo. ¿Como se te ocurre? - decía Maria susurrando
- Lo siento, lo siento – respondía lloriqueando Nem
- Solo se te ocurre a ti llenar la pared de fotografías de Miriam. Solo faltaba que pusieses un letrero en la entrada de tu casa en el que dijese Pasen y vean - decía enfadada Maria
- Joder, lo sabes, sabes que estoy enamorado de ella -
- Estabas. Es-ta-bas. Ella está muerta ¿o es que acaso esa mierda de corazón que tienes te ha hecho olvidar que está muerta? -
Nem no paraba de
lloriquear como un niño pequeño, mientras Maria no paraba de
quejarse con los ojos inyectados de sangre.
El sol ya caía,
Félix y Ana se habían tomado el día de descanso, y por la noche
habían quedado para cenar juntos en un restaurante. A la cena
también iba asistir Rafael, el padre de Ana. Rafael había insistido
en invitarlos a cenar para así conocer al nuevo compañero de su
hija. En realidad Rafael le gustaría que su hija rehiciese su vida
con alguien tras el dramático divorcio, y quizás Félix era una
buena opción.
Primero llegó
Félix, por primera vez arreglado, con la ropa limpia y planchada,
oliendo a perfume caro. Por primera vez se había dejado la petaca en
casa. Después llegó Ana, y el ultimo, Rafael. Pidieron, un buen
vino, un buen plato de carne con guisantes y se pusieron a hablar.
- ¿Y de donde habías dicho que venías? - preguntó Rafael
- Bueno, en realidad en ningún momento dije de donde venía – dijo riéndose Félix
- Viene de la capital – dijo Ana
- Ah, de la capital. Pobrecito, has ido a caer en el pueblo más aburrido de todo el país, y mira que hay pueblos en los que podías haber acabado – dijo con sarcasmo Rafael.
- Aburrido no lo definiría yo – contestó Félix
- A mi me hubiese gustado ser policía, todo el día siguiendo a criminales. Pero pasó lo que pasó y al final para que a la niña no le faltase nada monté el hotel – dijo Rafael
- Mamá murió cuando yo era una niña – se apresuró a explicar Ana
- Vaya, lo siento mucho. Y creame, este trabajo está sobre valorado – dijo Félix mientras bebía un sorbo de vino
La noche fue
avanzando y los tres se sumergieron en una larga conversación
mezclada con los primeros efectos del vino. Finalmente terminaron de
cenar, por un lado se marchó Rafael y por otro lado se marcharon
Félix y Ana juntos.
- Creo que tu padre es un buenazo. Me ha resultado simpático, y es complicado que alguien me resulte así, soy una persona muy cerrada – dijo sonriendo Félix
- Con lo de mi madre lo pasó muy mal, pero siempre tenía una sonrisa para mi. Bueno, para mi y para mi hermana – dijo Ana
- ¿Hermana? ¿tienes una hermana? - preguntó sorprendido Félix
- Si, pero prefiero no hablar con ella. Hace años que no nos vemos – cortó bruscamente Ana
De pronto sonó el
teléfono de Ana. Tras una breve conversación Ana colgó y se quedó
pálida.
- Era Silvia. Nem ha muerto. Se ha tirado por la ventana del hospital – dijo Ana
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