Las grandes puertas
de la iglesia se abrieron de golpe de par en par. Por ellas entró
Félix gritando, estaba muy enfadado. Mientras, el padre Pedro
colocaba unas flores en el altar y miraba incrédulo a Félix
acercarse a él a través del pasillo.
- Es usted un
mentiroso – gritaba Félix
- Cálmese, está
usted en la casa del señor – respondía el padre Pedro
- Es usted un hijo
de puta. Juro que si pudiese le machacaría la cabeza a golpes -
- Bueno, cálmese,
esas no son formas de hablar dentro del templo -
- A la mierda el
templo. Usted dijo que nunca había venido Míriam, que no la
conocía, y era mentira -
- ¿Conoce usted lo
que significa el secreto de confesión? -
- Mientras usted
está con su secreto de confesión ahí afuera hay una persona libre
que ha cortado el cuello a Míriam y que quizás mañana se lo corte
a usted -
- Esta bien, si,
vino aquí, estaba destrozada, había huido de las palizas de su
padre. Necesitaba ayuda, necesitaba dinero, así que pensé que ya
que Tomás había roto con ella le debía un favor, así que le
aconsejé que fuese a visitarlo y a ver si había trabajo en la
cantina -
- ¿Y después? -
- Después se
marchó y no volví a verla nunca más -
- Seguro que me
está mintiendo -
- Eso es problema
suyo, usted sabrá si creer mi palabra o no -
Félix se dio la
vuelta y se marchó de allí. Seguía enfadado. En Rondom nadie decía
la verdad, todos ocultaban algo, y así era muy difícil conocer la
verdad.
En comisaria,
mientras tanto, Ana había llevado a Carmen a declarar, estaba claro
que había mentido, conocía a Miriam.
- ¿Por qué
mintió? - preguntó Ana
- Era la amante de
mi marido. ¿Que quería que dijese? - respondió Carmen
- ¿Como supo que
su marido tenía una amante? -
- Una tarde entró
Nem enfurecido y me dijo que mi marido estaba en el exterior de la
cantina, en la parte de atrás, que estaba besandose con una chica.
Yo no me lo creía, él jamas haría eso, pero algo en mi interior
desconfiaba de mi misma y decidí salir para ver que Nem mentía.
No, Nem no mentía, Nem decía la verdad -
- ¿Y que hizo al
verlos? -
- Grité. Grité
como una loca, y juré que la mataría, pero obviamente era una
manera de hablar -
- Bueno, le informo
que es usted investigada como sospechosa del asesinato de Míriam
Rosales. No podrá usted salir del Rondom sin informarnos antes –
dijo Ana
-
No se preocupe por ello. Si me disculpa, tengo que marcharme. Por
cierto, la próxima vez tenga cuidado no pierda usted el teléfono
móvil, podría tener usted datos de una investigación que no
querría que nadie viese – dijo mientras depositaba sobre la mesa
el teléfono móvil que Ana había perdido dentro del edificio de los
Reprobi.
Carmen se marchaba
mientras Félix entraba en la comisaria. Dijo a Ana que tenían que
ir al prostíbulo. Ambos entraron en el coche de Félix y se
dirigieron allí. Mientras Félix conducía le hacía una serie de
preguntas a Ana.
- ¿Por que te
pusiste pálida cuando Tomás dijo que Míriam había ido al
prostíbulo? - preguntó Félix
- Es una larga
historia de la que no quiero hablar – respondió Ana
- ¿Por que te
divorciaste de tu marido? -
- Le pillé
acostándose con mi hermana -
- Vaya, tu hermana
no respetaba mucho a la familia. Nunca me has hablado de ella -
- No tengo nada de
que hablar de ella, desde entonces no he vuelto a verla ni a saber
de ella. Ni quiero -
- Bien, ya hemos
llegado. Creo que les va a resultar extraño ver entrar a una mujer
en un prostíbulo de mala muerte -
- Quizás
disfrutes. Piénsalo bien, eres policía, puedes llevarte un polvo
gratis -
- Créeme, no tengo
ni el más mínimo interés en ello -
Ambos
salieron del coche y entraron en La
estrella,
un prostíbulo donde carecía de luz de estrella. Era un lugar
oscuro, con olor concentrado a tabaco negro. Había un escenario con
una barra de baile. Sobre el escenario había una vieja gorda con los
pechos fuera y un tanga de lentejuelas. Debajo había una veintena de
marineros borrachos babeando por semejante espectáculo dantesco. De
pronto un hombre delgado, joven y trajeado se acercó. Era un hombre
con la cabeza afeitada, como si fuese calvo y hubiese decidido
afeitarse la cabeza para disimularlo. Era delgado pero fuerte.
- ¿Buscan
intercambio de pareja?, ¿Alguna experiencia fuerte?, ¿Cosas
nuevas?- preguntó el joven trajeado
- Inspector Lacueva
e inspectora López – dijo Félix enseñando la placa
- Vaya, hoy tenemos
redada -
- No se preocupe,
no venimos por eso – dijo Ana
- ¿Ha visto alguna
vez a esta chica? - dijo Félix enseñando la fotografía de Míriam
-
Si, vino hace unas semanas a pedir trabajo de camarera. Le dijo que
solo había trabajo de bailarina con final
feliz.
No quiso y se marchó. Creo que estuvo hablando con una de mis
chicas -
- ¿Puede usted
llamar a esa chica? -
-Claro. Lourdes,
acercate un segundo – dijo el joven a una prostituta que estaba a
lo lejos hablando con un cliente.
La chica se acercó
y miró fijamente a Ana.
- Hola hermanita –
dijo Lourdes
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