domingo, 19 de agosto de 2018

Capitulo 13: El castillo de naipes se derrumba


Lourdes, Ana y Félix estaban en el exterior, en la puerta trasera del prostíbulo. Mientras Lourdes fumaba, empezó a contarles todo lo que sabía.

- Os ha mentido. Ella no se marchó. Probó suerte una noche, pero esto no era lo suyo. No podía con el anal, así que lloraba mientras el cliente se quejaba que había pagado por ello. El jefe la obligó. Después de aquella noche no volvió nunca más. Como tampoco volviste a verme tú, Ana – dijo Lourdes
- Quizás hay motivos suficientes para no querer verte – dijo Ana
- No puedes estar así toda la vida. Aquello pasó y ya no no se puede cambiar. Él se marchó. No he vuelto a saber de él. Se llevó todo mi dinero y por su culpa ahora estoy aquí abriéndome de piernas con diez hombres distintos cada noche -
- Te lo mereces – dijo Ana enfadada
- ¿Podéis dejar de discutir por un momento? - dijo Félix – No hemos venido aquí para que os echéis en cara vuestros problemas familiares, hemos venido aquí para averiguar quien mató a Míriam Rosales. Lo demás me importa un pepino -
- ¿Quien era el cliente que pagó por acostarse con Míriam? - preguntó Ana
- Antonio. Nuestro tío – respondió Lourdes
- Joder, Antonio no. ¿Que más cosas pueden salir mal hoy? - dijo Ana
- ¿Y ahora que ocurre? - preguntó extrañado Félix
- Mi tío abusó de Ana cuando era una niña – respondió Lourdes

Ana se echó a llorar, los recuerdos aún estaban en su cabeza. Sentía que ya no podía más, todo se derrumbaba y no podía tener el control de la situación. A Félix se le ocurrió que para animarla invitaría esa noche a cenar a Ana en un bar del puerto.

Esa noche Ana se vistió guapísima con un vestido azul oscuro. Félix también iba muy bien vestido. Iban paseando por el puerto. El puerto constaba con una estrecha carretera principal, donde a la izquierda había casas bajas de pescadores con las fachadas pintadas de blanco. A la derecha estaba el mar con los barcos pesqueros. Por fin Ana y Félix llegaron al bar La pensión. Era un bar de pescadores donde también ponían comidas caseras, principalmente platos de pescado. El bar tenía una entrada pequeña y estrecha, según entrabas de frente había una barra de madera y a la derecha unas mesas de madera también rodeadas de unas sillas azules. La pared de la derecha era de piedra mientras que la pared de la izquierda era blanca en la parte superior y roja en la inferior. Sobre la pared de piedra había colgados cuadros de algún pintor local, sobre la pared de la izquierda había colgado un timón de madera.

Ana y Félix se sentaron en la mesa más próxima a la ventana. Así podían ver el mar y los barcos que llegaban a puerto al caer el sol. La noche fue perfecta, Ana consiguió olvidarse de sus problemas, incluso Félix consiguió que se riese. En un momento dado Ana embriagada por toda la situación decidió lanzarse a dar un beso en la boca a Félix, pero este retiró su cara suavemente y dijo que se estaba equivocando. De pronto el teléfono de Ana sonó. Tras una breve conversación colgó.

- Era de nuevo Silvia. Han encontrado a Samuel ahorcado de una de las vigas de su granja. Junto a él había dejado una nota de despedida. En ella decía que Maria es la madre de Miriam – dijo Ana

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