Ana había pasado
una noche dura cuidando la borrachera de su hija. Estaba destrozada,
por fortuna, ese día ni Félix ni ella trabajaban.
Félix había
aprovechado para ir hacer unas compras al pequeño supermercado del
pueblo. Por el camino se había encontrado con Silvia, que le había
contado lo de la noche anterior.
Por otro lado Ana ya
se había arreglado y había pensado pasar el día libre que tenía
en ir a visitar a unos familiares a la ciudad.
Silvia por su parte,
aunque también tenía el día libre, había decidido repasar las
anotaciones que tenía sobre el caso de Míriam Rosales. Sabía que
ya quedaba poco, el asesino antes o después daría un paso en falso,
cometería un error, quizás el error más tonto que una persona
puede cometer, y ese sería su condena. Mientras tanto solo quedaba
esperar y seguir trabajando en el caso.
Félix había
comprado tres botellas de whisky, dos botellas de vino, un buen
chuletón de ternera y un paquete de chicles. Sabía que esa noche
iba a ser una noche larga.
- Vaya, parece ser
que esta noche tiene una fiesta – dijo la cajera del supermercado
- Así es –
respondió Félix
- ¿Y va a ir mucha
gente a la fiesta? -
- Solo hay un
invitado. Yo mismo -
La cajera se quedó
muda, No supo que responder. Mientras Félix salía del
establecimiento con su cargamento.
Pasó el tiempo y
Ana ya había llegado a la ciudad. Había quedado con un primo suyo
quien le había llevado a un bar un tanto extraño. El bar era un
lugar oscuro, que se caía a pedazos, con el suelo deformado. De sus
paredes colgaban carteles antiguos, parecía que te habías
transportado a otro momento pasado del tiempo. De fondo sonaba
levemente música jazz.
Silvia estaba en
casa, leyendo todo lo anotado, tomando más apuntes. A ratos tomaba
pequeños sorbos de café que tenía en una vieja taza de cerámica
desconchada con algún que otro dibujo absurdo.
Félix mientras
tanto había decidido aprovechar lo que quedaba de día e ir a correr
al campo. Un poco de ejercicio no le vendría mal. Fue corriendo por
un viejo camino polvoroso que terminaba en el campo de heno donde
apareció muerta Míriam Rosales.
Félix estaba
llegando allí cuando a lo lejos vio una furgoneta parada y un hombre
subido a un poste de madera. Se acercó hasta él.
- Buenos días. ¿Es
usted electricista? - preguntó Félix
- No, que va, soy
ornitologo – respondió el hombre
- ¿Y si es usted
ornitologo que hace subido ahí? -
- Estoy quitando la
cámara. La temporada ha terminado -
- ¿La cámara? -
preguntó Félix
- Si la cámara.
Durante el verano viene a esta zona un pájaro difícil de estudiar.
Solo viene en esta época del año, luego se marcha hacía el sur.
Los del grupo de ornitología ponemos cámaras para grabarlos y así
luego poder estudiarlos con calma -
- ¿Y cuanto tiempo
lleva puesta esa cámara ahí? - preguntó Félix
- Desde la
primavera – respondió el hombre
- ¿Sería posible
ver la grabación?. Soy policía y aquí se cometió un crimen -
- Si claro, pero se
lo llevaré yo mismo a la comisaría, no vaya a ser que usted me
esté mintiendo y no sea policía -
Félix sabía que
había dado con la clave, con suerte la cámara habría grabado el
momento del asesinato, y obviamente también a la persona que lo
había cometido.
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