domingo, 23 de septiembre de 2018

Capitulo 18: Lo que los pájaros saben y callan


Ana había pasado una noche dura cuidando la borrachera de su hija. Estaba destrozada, por fortuna, ese día ni Félix ni ella trabajaban.

Félix había aprovechado para ir hacer unas compras al pequeño supermercado del pueblo. Por el camino se había encontrado con Silvia, que le había contado lo de la noche anterior.

Por otro lado Ana ya se había arreglado y había pensado pasar el día libre que tenía en ir a visitar a unos familiares a la ciudad.

Silvia por su parte, aunque también tenía el día libre, había decidido repasar las anotaciones que tenía sobre el caso de Míriam Rosales. Sabía que ya quedaba poco, el asesino antes o después daría un paso en falso, cometería un error, quizás el error más tonto que una persona puede cometer, y ese sería su condena. Mientras tanto solo quedaba esperar y seguir trabajando en el caso.

Félix había comprado tres botellas de whisky, dos botellas de vino, un buen chuletón de ternera y un paquete de chicles. Sabía que esa noche iba a ser una noche larga.

- Vaya, parece ser que esta noche tiene una fiesta – dijo la cajera del supermercado
- Así es – respondió Félix
- ¿Y va a ir mucha gente a la fiesta? -
- Solo hay un invitado. Yo mismo -

La cajera se quedó muda, No supo que responder. Mientras Félix salía del establecimiento con su cargamento.

Pasó el tiempo y Ana ya había llegado a la ciudad. Había quedado con un primo suyo quien le había llevado a un bar un tanto extraño. El bar era un lugar oscuro, que se caía a pedazos, con el suelo deformado. De sus paredes colgaban carteles antiguos, parecía que te habías transportado a otro momento pasado del tiempo. De fondo sonaba levemente música jazz.

Silvia estaba en casa, leyendo todo lo anotado, tomando más apuntes. A ratos tomaba pequeños sorbos de café que tenía en una vieja taza de cerámica desconchada con algún que otro dibujo absurdo.

Félix mientras tanto había decidido aprovechar lo que quedaba de día e ir a correr al campo. Un poco de ejercicio no le vendría mal. Fue corriendo por un viejo camino polvoroso que terminaba en el campo de heno donde apareció muerta Míriam Rosales.
Félix estaba llegando allí cuando a lo lejos vio una furgoneta parada y un hombre subido a un poste de madera. Se acercó hasta él.

- Buenos días. ¿Es usted electricista? - preguntó Félix
- No, que va, soy ornitologo – respondió el hombre
- ¿Y si es usted ornitologo que hace subido ahí? -
- Estoy quitando la cámara. La temporada ha terminado -
- ¿La cámara? - preguntó Félix
- Si la cámara. Durante el verano viene a esta zona un pájaro difícil de estudiar. Solo viene en esta época del año, luego se marcha hacía el sur. Los del grupo de ornitología ponemos cámaras para grabarlos y así luego poder estudiarlos con calma -
- ¿Y cuanto tiempo lleva puesta esa cámara ahí? - preguntó Félix
- Desde la primavera – respondió el hombre
- ¿Sería posible ver la grabación?. Soy policía y aquí se cometió un crimen -
- Si claro, pero se lo llevaré yo mismo a la comisaría, no vaya a ser que usted me esté mintiendo y no sea policía -

Félix sabía que había dado con la clave, con suerte la cámara habría grabado el momento del asesinato, y obviamente también a la persona que lo había cometido.


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