La comisaria era un
autentico manicomio, todos corrían, gritaban, el nerviosismo
reinaba. Todo había llegado a su fin, por fin la persona que había
asesinado a Míriam Rosales iba a quedar al descubierto.
Roberto llamaba
constantemente por teléfono a sus superiores, intentaba organizar el
que sería el operativo, aun sin saber a donde iban a dirigirse y a
quien iban a detener. Sabía que este era el caso más importante que
habían tenido en un pueblo donde nunca ocurre nada. Todo tenía que
estar listo para cuando llegase el momento.
Félix estaba justo
a un grupo de agentes encerrado en una habitación oscura visionando
en un ordenador las imágenes que les habían cedido captadas por la
cámara del ornitologo. Eran muchas horas de visionado y tenían que
ir con cuidado, no se les podía escapar ningún detalle.
Ana estaba con
Silvia repasando todo los datos que tenían, intentando hacer un
esquema que les llevase hasta la persona que mató a Míriam.
- Podría ser Nem,
estaba enamorado de ella. Quizás por celos, al ver que estaba con
Tomás, mató a Míriam en un ataque de locura – dijo Ana
- ¿Tú crees? -
dijo Silvia
- Bueno, recuerda
que por sus celos se lo contó todo a Carmen, la mujer de Tomás –
dijo Ana
- También podría
ser Tomás. Él había decido romper la relación y como al tiempo
Míriam volvió, sabía que le iba a causar problemas y decidió
quitarse el problema de golpe. Ademas Tomás en su cantina siempre
está rodeado de pescadores, y junto al cadáver apareció una caja
de cebos de pesca – dijo Silvia
-
Quizás fuese Carmen. Recuerda que junto al cadáver apareció una
piedra con el sello grabado de los Reprobi,
y ella pertenece a esa organización. Ademas tenía motivos para
asesinar a Míriam, había sido amante de su marido, y había vuelto
por lo cual amenazaba de nuevo a su matrimonio – dijo Ana
- Podría ser
Maria, siempre había ocultado que era su madre, y mientras ella
estuvo escondida en la granja de Samuel podía estar tranquila, pero
en el momento en el que ella decidió bajar al pueblo sabía que su
secreto corría el riesgo de saberse – dijo Silvia
- Por otro lado,
también podría ser Samuel. Él no quería que ella bajase al
pueblo, pensaba que solo traería problemas, quizás asesinó a
Míriam porque se enfadó ante la rebeldía de su hija. Ademas
recuerda que se suicidó, quizás se sentía culpable de haber
matado a su propia hija – dijo Ana
-
Quizás fue el Padre Ángel, recuerda que a escondidas se acostó con
ella, y si eso se descubría sería el fin para él, como finalmente
ha ocurrido. Tenía motivos suficientes para matar a Míriam. Ademas
recuerda que junto al cadáver apareció una nota escrita en latín
que decía Solo
los infieles no están libres de las serpientes.
Los curas suelen hablar latín a la perfección, y además la nota
habla de infieles, de castigo, muy propio de un sermón – dijo
Silvia
Félix y el resto de
agentes que con él se encontraba estaban visionando el vídeo cuando
de pronto vieron en las imágenes como en mitad de la oscuridad del
camino que bordea el campo de heno aparecía un coche oscuro. El
coche se paró. De él bajó una figura humana, sin poder distinguir
si era un hombre o una mujer. Llevaba agarrada del pelo a la fuerza a
otra figura humana, seguramente era Míriam. Esta se retorcía, como
si quisiese escapar, pero no podía. Empezaron a adentrarse en el
campo de heno. De pronto la persona que arrastraba a la fuerza a
Míriam giró la cabeza quedando su mirada de frente a la cámara.
- ¡Páralo ahí! -
dijo Félix entusiasmado
- De acuerdo - le
respondió uno de sus agentes
- ¿Puedes clarear
la imagen para poder ver el rostro? - preguntó Félix
- Si, por supuesto
– respondió el agente
De pronto, al
aclarar la imagen por fin Félix supo quien había matado a Míriam.
- ¡Ahí está! ¡Ya
no te escapas! - exclamó Félix
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