La
ciudad puede llegar a ser agobiante, asfixiante, como cuando estás
sufriendo un infarto, esa extraña sensación de no poder respirar.
De infartos Félix sabía mucho, aunque a decir verdad Félix se
sentía en su casa en cuando pisaba el asfalto humeante y sentía
rozar su piel el sonido de muchedumbre que pasaba a su alrededor
ignorándolo como si fuese una farola o un viejo buzón de prensa. El
olor a café rancio de las viejas cafeterías inundaban las calles, y
Félix se sentía feliz. Esta era su ciudad, su lugar, y no aquel
asqueroso pueblo que tanto detestaba y en el que se vio obligado a
vivir. Nunca más volvería a ese lugar de paletos y gañanes
mentirosos.
Félix
cogió un periódico, la portada estaba ocupada por completo por la
actualidad política, después entró en un pequeño comercio
regentado por chinos y compró una botella de leche fresca y un
paquete de chicles. Vio una botella de whisky, se sintió tentado,
pero Félix había dejado el alcohol, y pronto intentó pensar en
otra cosa que le quitase esa idea de la cabeza. Salió de la tienda y
recorrió las calles feliz. Sentía plena felicidad.
Félix
llegó a su casa, se preparó un café, y se dispuso a bebérselo
tranquilamente mientras leía las noticias del periódico. De pronto
alguien golpeó con los nudillos la puerta de su casa.
-
¿Por que coño no usaran el timbre? Me van a joder la madera de la
puerta – murmuraba Félix mientras se acercaba a la puerta.
Félix
abrió la puerta y allí al otro lado se encontró a Lourdes, la
hermana de Ana. Era la ultima persona que Félix esperaba encontrarse
tras su puerta.
-
¿Pero que coño haces aquí? ¿Como sabes donde vivo? - preguntó
Félix
-
Tienes que venir conmigo – respondió Lourdes
-
Ni lo sueñes, yo no vuelvo a ese pueblo -
-
No tienes que volver a Rondom -
-
No pienso ir contigo a ningún sitio -
-
Ana está muy grave. Es posible que muera -
Félix
se quedó mudo, su cara empezó a tornarse blanca. Empezó a sudar.
Miraba fijamente a Lourdes pero no era capaz de decir nada.
-
Su ex marido fue a por ella la noche en la que te fuiste. Su hija
consiguió escapar, pero Ana no. Está en el Hospital General de
esta ciudad, en Rondom no hay medios para poder salvarla – dijo
Lourdes
Félix
seguía sin poder decir absolutamente nada.
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