Félix
llegó al Hospital General junto con Lourdes. Allí, en una cama,
entubada, con un respirador artificial, en coma, con un montón de
cables que la conectaban a maquinas, estaba Ana, sin sentir, sin
padecer, inerte, viva porque las maquinas la mantenían con vida,
viva porque su hija consiguió llamar rápidamente a emergencias,
viva porque aunque había perdido mucha sangre, no era suficiente
para que su delicado corazón dejase de latir.
-
Voy a matar a ese hijo de puta – dijo con rabia Félix
-
No te preocupes por eso, ya está muerto. Pensó que Ana estaba
muerta y se ahorco en la cocina de ella – respondió Lourdes
Félix
no pudo resistirlo y se marchó de la habitación. Salió a la calle,
buscó un taxi, y de camino a casa se echó a llorar como si fuese un
niño pequeño. Félix nunca lloraba, siempre intentaba mostrar la
imagen de tipo duro, pero esta vez era diferente, el cariño y la
unión que había creado con Ana era demasiado grande.
Llegó
a casa, buscó por todos los muebles hasta que encontró una vieja
botella de ron que tenía guardada y que se había traído de un
viaje a Cuba. A Félix ya le daba lo mismo que hubiese dejado el
alcohol, no lo soportaba, necesitaba pagar su ira y su dolor con
algo, y el ron era una buena alternativa. Félix se emborrachó hasta
caer desfallecido sobre un sofá que tenía dentro de su cocina. Cayó
la noche y Félix no se había movido de allí. Pasaron las horas y
el sol brillante pero tímido empezó a asomarse por los grandes
ventanales del apartamento de Félix. De pronto su teléfono móvil
empezó a sonar. Félix con la resaca apenas acertaba a encontrar el
télefono. Por fin lo cogió.
-
Inspector Lacueva ¿Quien es? - dijo Félix
-
Soy el Inspector jefe De Rodrigo. Le tengo asignado un caso –
respondió una voz al otro lado del teléfono
-
¿De que se trata? - preguntó Félix
-
Un niño ha sido secuestrado -
-
¿Un puto niño? - preguntó Félix - ¿Me vais a asignar el
secuestro de un puto niño? -
-
Es el hijo del presidente -
Félix
enmudeció, acaba de comprender la importancia, la gravedad del
asunto, acaba de comprender que ese niño no era un simple puto niño.
A
Félix nunca le gustaron los niños, eran irritantes, protestones e
insensatos. Los detestaba. Si por él fuese, la humanidad se hubiese
extinguido hace ya muchos años.
Félix
llegó a la comisaria, y el Inspector jefe De Rodrigo le explicó
todo lo que se sabía del caso.
-
El niño estaba en el palacio presidencial jugando. Cuando llegó la
hora de comer, el niño no aparecía. Se lo había tragado la tierra
– dijo De Rodrigo
-
Por lo tanto, la persona que se lo llevó era alguien del equipo del
presidente – dijo Félix
-
Así es. Tienes a tu disposición una tarjeta que te acredita la
entrada y salida del palacio presidencial todas las veces que te
sean necesarias -
-
¿Como se llama el niño y que edad tiene? -
-
Raimundo y tiene 5 años – respondió De Rodrigo
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