Félix estaba en su
casa cuando de pronto sonó el teléfono. Era la esposa del
Presidente.
- Tengo algo que
contarle – dijo ella
- De acuerdo,
dígame -
- No, por aquí no.
No sabemos si le han pinchado la línea -
- De acuerdo. Usted
me dirá donde -
- En el Olympo -
- Pero eso es una
discoteca – dijo Félix sorprendido
- Lo sé, así con
todo el ruido nadie podrá escuchar lo que digamos. Esta noche le
veo allí -
- Mejor mañana,
esta noche tengo compromisos – Dijo Félix sabiendo que esa noche
tenía que ir a la carretera Norte a ver lo que allí iba a ocurrir y
que el Presidente intentaba ocultar.
Cayó la noche y
Félix estaba escondido entre unos arboles de un bosque a lo alto de
la carretera, desde ahí podía observar todo lo que allí ocurría
sin ser descubierto. De pronto, en mitad de la oscuridad de la
madrugada vio a lo mejor un montón de luces formando una linea a lo
lejos, según se acercaban podía adivinar que era las luces de faros
de vehículos. Cuando pasaron por delante de él vio que eran muchos
camiones de pequeño tamaño, con la parte trasera cubierta por una
lona blanca, uno detrás de otro como si fuese una procesión. Entre
ellos de vez en cuando iba un Todo terreno descapotable con hombres
armados con ametralladoras. Félix empezaba a ser consciente que el
Presidente era más corrupto de lo que podía imaginar, y que lo que
el Presidente se traía entre manos sera algo muy gordo.
Al día siguiente
Félix estaba haciendo memoria, recopilando en su cabeza todo lo que
hasta ahora sabía. El hijo del Presidente había desaparecido, el
secuestrador era alguien próximo a él, incluso podría ser por
alguna venganza, o bien por querer despedir a parte de su equipo, o
bien por ser infiel o bien por algún negocio más que turbio en los
que estaba metido. Había esas tres lineas de investigación, y todas
llevaban al mismo punto, el Presidente daba una imagen lejos de la
real.
Esa misma noche
Félix acudió al Olympo, allí estaba cerca de la barra la esposa
del Presidente. Ambos se saludaron y sentaron en unos sillones que
estaban en un a esquina lejos de las miradas de nadie.
- Bien. ¿Y que era
eso que tenía que contarme? - preguntó Félix
- Mi marido está
ayudando a introducir cocaína a un narco en el país – dijo ella
- ¿Pero por qué?
-
- Es sencillo,
obtiene mucho dinero que luego invertirá en armas y en comprar a
altos mandos militares -
- Explique eso bien
-
- Cuando haya
comprado tanto las armas como a los altos mandos militares esperará
a que lleguen las próximas elecciones. Mi marido sabe que no las
ganará, el país se está hundiendo económicamente y eso le hará
responsable ante la mirada de la gente. Sabe que perderá, pero el
poder es como un caramelo, siempre dulce y agradable al paladar. Mi
marido no piensa dejar esto, no lo permitirá -
- ¿Y como lo va a
hacer? -
- ¿De verdad no se
lo imagina? Pensaba que era más listo -
- En realidad si me
lo imagino pero no quiero pensar en un golpe de estado -
- Pues así es, Y
le aseguro que lo conseguirá -
- Usted es su
esposa, usted puede detenerlo -
- No, usted puede
detenerlo -
- Pero usted es
quien está más cerca de él -
- ¿Y que interés
tendría yo es sacarlo a la luz pudiendo seguir disfrutando del
poder todo el tiempo que quiera? -
De
pronto un Whatsapp llegó al teléfono de Félix. Soy
Lourdes. Ana empieza a responder a los primeros estímulos. Estamos
cerca de que todo esto termine.
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