domingo, 24 de marzo de 2019

Temporada 2 Capitulo 12: La cloaca


Félix estaba en su casa cuando de pronto sonó el teléfono. Era la esposa del Presidente.

- Tengo algo que contarle – dijo ella
- De acuerdo, dígame -
- No, por aquí no. No sabemos si le han pinchado la línea -
- De acuerdo. Usted me dirá donde -
- En el Olympo -
- Pero eso es una discoteca – dijo Félix sorprendido
- Lo sé, así con todo el ruido nadie podrá escuchar lo que digamos. Esta noche le veo allí -
- Mejor mañana, esta noche tengo compromisos – Dijo Félix sabiendo que esa noche tenía que ir a la carretera Norte a ver lo que allí iba a ocurrir y que el Presidente intentaba ocultar.

Cayó la noche y Félix estaba escondido entre unos arboles de un bosque a lo alto de la carretera, desde ahí podía observar todo lo que allí ocurría sin ser descubierto. De pronto, en mitad de la oscuridad de la madrugada vio a lo mejor un montón de luces formando una linea a lo lejos, según se acercaban podía adivinar que era las luces de faros de vehículos. Cuando pasaron por delante de él vio que eran muchos camiones de pequeño tamaño, con la parte trasera cubierta por una lona blanca, uno detrás de otro como si fuese una procesión. Entre ellos de vez en cuando iba un Todo terreno descapotable con hombres armados con ametralladoras. Félix empezaba a ser consciente que el Presidente era más corrupto de lo que podía imaginar, y que lo que el Presidente se traía entre manos sera algo muy gordo.

Al día siguiente Félix estaba haciendo memoria, recopilando en su cabeza todo lo que hasta ahora sabía. El hijo del Presidente había desaparecido, el secuestrador era alguien próximo a él, incluso podría ser por alguna venganza, o bien por querer despedir a parte de su equipo, o bien por ser infiel o bien por algún negocio más que turbio en los que estaba metido. Había esas tres lineas de investigación, y todas llevaban al mismo punto, el Presidente daba una imagen lejos de la real.

Esa misma noche Félix acudió al Olympo, allí estaba cerca de la barra la esposa del Presidente. Ambos se saludaron y sentaron en unos sillones que estaban en un a esquina lejos de las miradas de nadie.

- Bien. ¿Y que era eso que tenía que contarme? - preguntó Félix
- Mi marido está ayudando a introducir cocaína a un narco en el país – dijo ella
- ¿Pero por qué? -
- Es sencillo, obtiene mucho dinero que luego invertirá en armas y en comprar a altos mandos militares -
- Explique eso bien -
- Cuando haya comprado tanto las armas como a los altos mandos militares esperará a que lleguen las próximas elecciones. Mi marido sabe que no las ganará, el país se está hundiendo económicamente y eso le hará responsable ante la mirada de la gente. Sabe que perderá, pero el poder es como un caramelo, siempre dulce y agradable al paladar. Mi marido no piensa dejar esto, no lo permitirá -
- ¿Y como lo va a hacer? -
- ¿De verdad no se lo imagina? Pensaba que era más listo -
- En realidad si me lo imagino pero no quiero pensar en un golpe de estado -
- Pues así es, Y le aseguro que lo conseguirá -
- Usted es su esposa, usted puede detenerlo -
- No, usted puede detenerlo -
- Pero usted es quien está más cerca de él -
- ¿Y que interés tendría yo es sacarlo a la luz pudiendo seguir disfrutando del poder todo el tiempo que quiera? -

De pronto un Whatsapp llegó al teléfono de Félix. Soy Lourdes. Ana empieza a responder a los primeros estímulos. Estamos cerca de que todo esto termine.


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